Hoy día vi como atropellaron a un hombre.
Ví su sangre derramada en el piso, ví sus pies moverse en esos zapatos cafés.
Yo lo ví saltar, estrellarse con el parabrisa, romper el vidrio del auto, quedar a muchos metros más lejos.
Dije: "-Conchesumadre- y me paré. Estabamos fumando en la plaza con mis compañeros.
Lo dudé por un minuto -nunca había visto algo así- no reaccioné prudentemente, solo ví a mi amiga al lado tapándose la boca con las manos y con los ojos llorosos, las dos nos acercamos primero. Rápidamente la gente se acercó y la escena se vio rodeada de mucha gente que quería ayudar... y otros tantos que solo estaban parados como hueones, una pendejas riendo y otras viejas sapas del sector.
Me agaché hasta quedar a la altura de los pies de la gente, quería ver el rostro del hombre, me metí entre unas piernas (no entre la entrepierna, hice más bien un espacio) y logré ver su cara, era un abuelo (no literalmente, eso es algo que no sé), era anciano, unos 70 años, puede ser.
Esto es psicosis al extremo, pero estuve segura, que por un momento, el hombre me miró, cuando yo me agaché para ver su rostro.
Casi lloro.
Volví a mi casa en micro, con mi amiga, las dos sentadas sin hablar, en una micro "Transantiago", pero de las amarillas antigüas que pintaron de otro color.
Al frente mio había una niña pequeña, parece que iba durmiendo, porque iba con una mano colgando y solo podía mirarle su pequeña mano mientras me acordaba del anciano que se murió.
viernes, 28 de septiembre de 2007
martes, 11 de septiembre de 2007
El tercer piso
Recuerdo unas palabras del libro El Principito, en donde Saint Exupery menciona que los hombres ya no tienen amigos, pues ahora solo se dedican a vender y comprar y es por eso que ya no queda tiempo para tener amigos.
Si no se entienden bien las cosas, probablamente perezcas con ellas.
Si no sabes de donde viene el fuego, probablemente te quemes con el, si no sabes de donde viene la luna, quizás aprecies de otra forma su belleza. Si no sabes de donde vienen tus amigos probablemente no asimiles la cuna en la que nacieron.
Retrocediendo a lo de Saint Exupery, tal vez no es solo el tiempo perdido que se derrocha en compras y ventas superficiales que se han vuelto tan triviales como lavarse los dientes, si no, la entrada en comparación de la confianza con la creencia.
No confío en ti, pero bueno, si te creo.
En el colegio me dicen que soy fea
que tengo que subir las sillas sola
me dicen cosas feas
en el colegio no hablo con mis compañeros
solo vomíto en sus pelos
me cago en su sombra
en su ignorancia
me cago en mi ignorancia
en el colegio me hacen leer todo el día a Neruda
lo que escribe sobre Latino América
me hacen comparar canciones de Tiro de Gracia
con poemas de Neruda
me hacen callar
una y otra vez me hacen callar
me mandan a mi casa si llego atrasada.
miércoles, 13 de junio de 2007
Anti crónica de una vida aburrida
Es tan simple cuando todo te lo dan y no precisamente cosas, o algo que se pueda elegir. Es la vida redonda, en donde el aburrimiento es el lema, pues no solo es la secuencia repetitiva de las mismas excusas de siempre para acabar definitivamente con una vida; nadie me entiende. Nadie me quiere (estoy tan sola), me falta algo (pero no sé que es), quisiera hacer otro tipo de cosas (con una luz ausente en la ampolleta central), estoy triste, ¡Nada tiene sentido! (sin contar las miles de explicaciones que se desarrollan en base al sentido, aunque no solucionen problemas graduales, igualmente entran en comparaciones unas con otras, algunas definiciones pueden volver un poco más sólida y sostenible las perspectivas sobre la vida), así sucesivamente con preguntas y reclamos con un mayor grado de vanedad.
El asunto es más terrible cuando encierran el comportamiento básico, ese comportamiento espontáneo, efusivo e inclusive, impulsivo; como comer chocolate, tomarse un café o fumarse un cigarrillo desesperadamente luego de un cruel resfríado (o aspirante a resfríado) de pre invierno. Es igual que leer libros, entran y salen por el cuerpo, como relámpagos vienen esas ganas resplandecientes de ver, sobre todo imaginar cosas nuevas, pero claro, se forma parte de una institución socialmente obligatoria, en donde todo lo rigen; que siéntate bien, párate al saludar, no hables, quédate callado en todo momento, no te pongas ese chaleco, pues no forma parte de tu uniforme, un sin fin de cosas absurdas.
Ocúpan la vida con cosas vanas, con libros, que comúnmente pueden aportar grandes conocimientos en la vida, como un Nóbel de García Márquez, una parodia-seria-histórica-comprometedora-sucia de un Don Adolf, o cuentos posmodernos sobre los ocuuuuuuuuultos misterios de una Iglesia Católica corrupta, que al final termina siendo una imagen abstracta de una ficción versus realidad, una nobela.
El conjunto de cosas solo hace que todo termine en un borde, el del colapso, del bloqueo. ¿Y qué?, si al final solo terminamos pensando en cosas triviales; en cambiar la pieza de color, en aprender a tejer, a calcular, preporcionar y cultivar ideas mejores (y cosechar otras tantas, para que no se vayan en el basurero triste del olvido), a comprender espacios grandes, a mirar la televisión abierta sin tanta repugnancia, a elegir la ropa de hoy, el arte callejero (tirado pa' neo burgués), a entender el área climatológica y deducir por sentido común a que hora lloverá (ya que en "El tiempo", no le achuntan), a crear nueva ropa y pensar en comprar zapatos, en el fin de semana pasado, en un día en especial que compartías la cama con tu novio, y que ahora, en este preciso instante la comprates con tu madre.
Vamos los suicidas que amamos la vida.
El anticristo del aburrimiento.
El asunto es más terrible cuando encierran el comportamiento básico, ese comportamiento espontáneo, efusivo e inclusive, impulsivo; como comer chocolate, tomarse un café o fumarse un cigarrillo desesperadamente luego de un cruel resfríado (o aspirante a resfríado) de pre invierno. Es igual que leer libros, entran y salen por el cuerpo, como relámpagos vienen esas ganas resplandecientes de ver, sobre todo imaginar cosas nuevas, pero claro, se forma parte de una institución socialmente obligatoria, en donde todo lo rigen; que siéntate bien, párate al saludar, no hables, quédate callado en todo momento, no te pongas ese chaleco, pues no forma parte de tu uniforme, un sin fin de cosas absurdas.
Ocúpan la vida con cosas vanas, con libros, que comúnmente pueden aportar grandes conocimientos en la vida, como un Nóbel de García Márquez, una parodia-seria-histórica-comprometedora-sucia de un Don Adolf, o cuentos posmodernos sobre los ocuuuuuuuuultos misterios de una Iglesia Católica corrupta, que al final termina siendo una imagen abstracta de una ficción versus realidad, una nobela.
El conjunto de cosas solo hace que todo termine en un borde, el del colapso, del bloqueo. ¿Y qué?, si al final solo terminamos pensando en cosas triviales; en cambiar la pieza de color, en aprender a tejer, a calcular, preporcionar y cultivar ideas mejores (y cosechar otras tantas, para que no se vayan en el basurero triste del olvido), a comprender espacios grandes, a mirar la televisión abierta sin tanta repugnancia, a elegir la ropa de hoy, el arte callejero (tirado pa' neo burgués), a entender el área climatológica y deducir por sentido común a que hora lloverá (ya que en "El tiempo", no le achuntan), a crear nueva ropa y pensar en comprar zapatos, en el fin de semana pasado, en un día en especial que compartías la cama con tu novio, y que ahora, en este preciso instante la comprates con tu madre.
Vamos los suicidas que amamos la vida.
El anticristo del aburrimiento.
lunes, 14 de mayo de 2007
The little party
Ya puedo matricular sentimientos en las mejores universidades del país - o en las peores- ; ¡pero que importa! (te dicen todos), tienes que tener el talento necesario, si lo haces bien, serás el mejor.¿Y que pasó con los sueños de antaño?, ¿qué pasó con los viajes por el mundo?. Es cuando ya los unicornios y las hadas se habían desvanecido, pues los sueños se volvieron maduros y oportunos para una edad adecuada y soñadora. Expiró el interés personal, culminaron los bienes futuros, esos que mantenían el alma en un completo éxtasis fulminante (tan asesino, que prohibía ideas relacionadas con la reponsabilidad). Sólo era volar. Lánzarse, inspirarse en lo tangible -y por que no en lo intagible-, pero siempre con la sonrisa del materialismo filosófico.
Ahora la imagen es diferente, existe un consuelo casi mágico, que poetas y locos llamarían amor. Amor del recargado.
Y libros por montones.
Siempre me ví cruzando lo prohibido. Más ahora, lo veo tan lejano, tan sueño pre-sueño.
Me siento como recién naciendo.
viernes, 2 de marzo de 2007
"Somos tontos, no pesados"
Viviendo en un estado menopáusico casi elemental para estos tiempos neo liberales recargados. Con la condición de ser una adolescente pingüina de los nuevos tiempos revolucionarios al pedo.Adolescente menopáusica con comentarios frescos sobre la actualidad de la política y farándula de la televisión Chilena -que ahora es como lo mismo mezclar estos dos puntos entre sí- .
Ahora los comentarios que rondan en las calles; en los diarios, en la gente, en el trabajo y en la televisión, son solo en base a la vida anexa de otras personas sin ninguna importancia. El Chileno de hoy en día se preocupa de ocupar su tiempo mirando la pantalla de la t.v, buscando alguna explicación para su triste existencia, o simplemente mirar idiotizados como ocurren romances o peleas entre personas que "triunfan" en la vida sin mucho talento.
Es como comentar todo el día lo mismo, repetir el tema cada mañana y seguir con el mismo asunto toda la semana, como un vestido horrible, sobre una persona que vale callampa, la cual se llena de riquezas y atención gracias a la gente que le toma importancia y se hace participar de la experiencia como si fuesen los mismos protagonistas. En la peluquería hablan todo el día de Cecilia Bolocco, de su audaz vestido que no la hacía ver para nada ordinaria -picante y grotesca-, sino que pilucha y elegante. Que hueá más invécil.
Mucha basura pasan por la televisión, un intento en bano es que el canal del gobierno trate de involucrar cultura en las cabezas de personas tan huecas, personas que viven bajo un prototipo de vida inexacto, absurdo y poco consecuente, pensando siempre en estereotipos basados en la figura que socialmente se capta como hermosa, o la maldad más malvada que la gente nos hace odiarla. Y como buenos Chilenos lo hacemos, odiamos o amamos, claro, si es que eso hace la gente. No sirve de nada tratar de convencer a la gente bajo discursos baratos si las personas ya fueron criadas de tal manera, bajo unos padres que ocupan diferentes generaciones en la historia del país, en la historia de la vida, en la que supuestamente deberíamos confiar, afiatarnos plenamente a un estudio superior, sea religioso o cintífico, hay que encontrar una razón, de lo contario la desesperación sería algo indomable para la gente que manda, que maneja como fichas de ajedrez cada movimiento de los seres que producen, que creen vivir felices en un completo orden.
Trabajamos, estudiamos, vivimos y respiramos bajo el mandato de un gobierno corrupto que se hace llamar izquierdista -muchos exiliados del país en el gobierno militar-, y que ahora son fruto de la neo liberación del país, que crece creando personas con una mentalidad capitalista, llena de superficialidad y completa estupidez. Este gobierno tan cercano, tal Allende que creemos tener, me hace pensar que izquierda y derecha es lo mismo, y que el neutro son las once empresas que se compraron Chile. Y que con esto nos compraron a cada uno de nosotros, los que vivimos acá.
Que mierda y que pena la gente nacionalista que no sabe ni cuanto le pesan las húeas.
¿Qué quieren que nosotros hagamos?, distraernos con la televisión, mientras el mundo muere frente a nuestras narices. Seguir trayendo niños inocentes a una realidad tan horrible y paupérrima.
Al igual que el título de esta entrada, continúo con este pensamiento a "Los Tres"- que no solo los recuerdo por que hayan tocado en un Festival hueón que solo gira en base al dinero y a creer, que la internacionalidad de un país se puede crear a través de farándula, por que por la puta madre que no somos, ni seremos (asi como vamos) un país "desarrollado"-, Los Tres son otra cosa.
"Sí a la pastilla del día despúes, sí al aborto" como ellos mostraron en su actuación, y que obviamente no salieron al aire por la alineación de canales champiñones. A todo esto sumo algo más: No traigan más niños a este mundo de absoluta basura, porfavor misericordia por los que no son culpables de vivir bajo el dominio inconsciente de una sociedad mal gastada y corrupta que nos caga encima cada día y nosotros los muy tontos, no nos damos cuenta. Quien se da cuenta se hace el hueón. Tal cual Boris Quercia, la diferencia es que no son cosas triviales.
¡Sálvese quién pueda!
Chilevisión, en la mañana.
lunes, 26 de febrero de 2007
Micro local - Metro - Micro troncal
Cuando la vida de adulto se vuelve apresurada todo tiene más importancia. El tiempo como consecuencia grave de un asunto mental y físico agotador.
Vivencias de una pendeja casi-adulta, en versiones arcaícas de lo que es el tiempo. Por que como consecuencia de todo lo imaginado, vivido y soñado, puedo decir que la vida se basa en un momento, tal cual: el tiempo vuela cuando se hacen y se piensan tantas cosas, la conclusión es: mientras más adulto eres, más rápido pasa el tiempo, pues más se piensa y más cosas se hacen.
Es una locura pensar eso, más cuando vas en la micro y te tocan hacer estos extraños transbordos que solo hacen perder más tiempo. Pero el metro es algo diferente, muy diferente, puedes sentarte en el piso -aunque lo prohiban- puedes ir tan rápido y a la vez, leer en algunas estaciones algún dato interesante.
Solo es esa... esa gente, que mira sin voluntad propia, que piensa en cosas triviales y domésticas. Siento que puedo sentirlo.
Felicidad o tristeza como un sentimiento cumplido e indefenso.
Ahora podremos vivir en una ciudad lenta y sin contaminación de parte de esas ex micros asesinas -como lo decían los Fiskales AD-HOK- y tal vez las sonrisas sean falsa hipocrecía, pero volverán y no en un sentimiento cien por ciento comunista, no hablo de alamedas anchas, hablo de un cumplido que nos ataca directamente a todos, nos afecta en demacia y no todos se dan cuenta.
Es lo mismo en las noticias a las nueve de la noche y luego en "El tiempo", se da importancia a temperaturas y regiones principales.
El egoísmo crece, la vida se nos acaba siempre y nunca para.
Vivencias de una pendeja casi-adulta, en versiones arcaícas de lo que es el tiempo. Por que como consecuencia de todo lo imaginado, vivido y soñado, puedo decir que la vida se basa en un momento, tal cual: el tiempo vuela cuando se hacen y se piensan tantas cosas, la conclusión es: mientras más adulto eres, más rápido pasa el tiempo, pues más se piensa y más cosas se hacen.
Es una locura pensar eso, más cuando vas en la micro y te tocan hacer estos extraños transbordos que solo hacen perder más tiempo. Pero el metro es algo diferente, muy diferente, puedes sentarte en el piso -aunque lo prohiban- puedes ir tan rápido y a la vez, leer en algunas estaciones algún dato interesante.
Solo es esa... esa gente, que mira sin voluntad propia, que piensa en cosas triviales y domésticas. Siento que puedo sentirlo.
Felicidad o tristeza como un sentimiento cumplido e indefenso.
Ahora podremos vivir en una ciudad lenta y sin contaminación de parte de esas ex micros asesinas -como lo decían los Fiskales AD-HOK- y tal vez las sonrisas sean falsa hipocrecía, pero volverán y no en un sentimiento cien por ciento comunista, no hablo de alamedas anchas, hablo de un cumplido que nos ataca directamente a todos, nos afecta en demacia y no todos se dan cuenta.
Es lo mismo en las noticias a las nueve de la noche y luego en "El tiempo", se da importancia a temperaturas y regiones principales.
El egoísmo crece, la vida se nos acaba siempre y nunca para.
viernes, 16 de febrero de 2007
La vieja culiá de la peluquería.
El blog y el nombre de este fué motivado por una vieja de mierda que entró ayer a la tienda en donde trabajo.
En realidad no es una peluquería por que no cortamos el pelo, no hacemos peinados ni esas cosas. Pegamos extensiones de cabello.
La demanda de esto es muy grande, todas las lolas semiricas-ricas-lolas/viejas del barrio alto andan con la última moda: extensiones en su cabello. Algunas con cinco, otras con cien.
Yo trabajo part-time, no tengo gastos, no tengo que pagar agua, ni luz, ni gas, ni comprar comida, en realidad no sé bien por que trabajo, tal vez para matar el tiempo, la soledad que recae, la mirada al otro mundo, donde todos son tan felizmente tristes. En donde todo es superfuo y absurdo, desproporcionado a las realidades que podemos estar viviendo, que podemos estar pensando o simplemente viendo al prender la televisión, al leer un diario en el papel o en la pantalla del computador. Ahora todos tienen axceso a todo, al infierno y al cielo, se puede comprar, claro, la puerta al infinito, como guste su fineza o su paladar, con visa, mastercard, magna, todas las tarjetas bancarias, y mira tú, ahora hasta con presto y ripley. Ármate una vida con todas estas facilidades. Por que son fácilidades, podemos ejercer sin exigir, sin sacrificarnos de una forma más humana que no sea nuestra propia economía. Todo se desproporcionó, ya no se vive por un bien común, se vive para producir, prestar y ganar y no dudo - en un futuro no muy lejano - que todo esto se transforme en una historia a lo "Un mundo feliz" de Huxley.
Me desvío muy rápidamente, lo siento, es mi primera publicación aquí, el tema era la vieja de puta madre, la vieja culiá de la peluquería.
Estando a cargo de la administración también es mi deber estar a cargo de la postura de extensiones y la atención al cliente. Cerramos a las nueve, ya limpiando, haciendo cierre del termino, llega como veinte para las nueve esta señora; rubia, alta, plasti-pechugona, un gran culo, una cintura mínima, regia la hueona, pero vieja la culiá.
Llegó con prepotencia - no voy a decir que fué arrogante "como tooodas" las cuicas, por que despúes de todo, no todas son así - , se sentó y me explicó su malestar de muy mala manera. Se le habían caído unos pelos, un par de mechas que estaban mal pegadas, la garantía de diez días permite pegar las mechas pero solo, cuando es el mismo pelo. Esta tipa quería que yo le pusiera pelo nuevo a su mecha, yo le expliqué que no podía hacer eso. El tono de su voz no era muy agradable por lo cual yo no le contesté con una graaaan sonrisa ni con un tono angelical. Esta señora no andaba sola, venía acompañada de una niña, una lola, de más menos unos 17 o 18 años -calculo yo-.
Yo le explico sobre pelos y cosas que ya sé, por algo trabajo allí, por algo hago eso a veces - cuando no voy al colegio -, ella repondió: "¡Si lo sé, si no soy hueona!", yo con mi compañera preferimos ahorranos comentarios sobre aquello. Solo seguimos el diálogo estándar que se puede llevar a cabo entre un vendedor y un cliente - el cliente siempre tiene la razón y todas esas cosas - aunque no siempre la tengan, que sucede la mayoría de veces.
Casi al final de toda la estresante charla con la tipa esta, salta su acompañante y me pregunta si yo siempre trato así a mis clientas, yo le dije con una amable sonrisa: "Y como se supone que yo estoy tratando a mi clienta?", ella me respondío:"Así, tan MALDEDUCADA".
Yo al final no entiendo mucho a la gente, nunca la he sabido comprender del todo, por eso me cuesta mucho lidiar con todo esto del Transantiago, del verano y la gente en masa. Siento como si todo lo que pensaran recayera en mi. No son una resentida social, solo soy una chica de dieciseis años buscando la paz en mi alma y en mi vida en general, aunque cueste, aunque se cometan muchos errores en el camino. Quedan huellas, aprendo a enfrentarlas o borralas.
Soy una tipa de clase media, que va al colegio y trabaja para sustentar los vicios, que lee y trata de captar los clímax exactos de cada día, para así volver la vida un poco más tolerable y/o agradable. Para poder disfrutar, sonreír y poder decir: Carpe Diem.
En última instancia esta señora se levantó y al salir dijo: "hasta luego, gracias" - en un tono más menos irónico -, ni yo ni mi compañera le repondimos - esto estuvo mal, deberíamos haberlo echo- y ella dijo que eramos unas maleducadas - lo reiteró pero en plural- yo no le repondí, mi compañera si.
Es verdad que una a veces quiere ser dueña del mundo, o tal vés solo de un local de peluquería o ropa o lo que sea, para poder mover las piezas a tu favor y de acuerdo a tu propio criterio, es por eso que no se puede reaccionar siempre como una quiere, siempre siguiendo estereotipos, viviendo en sociedad, por muy detestable que parezca es la realidad de muchas personas y muchos trabajadores de este país.
Es por eso que ayer por la noche decidí que nunca voy a forjarme en eso, por que no quiero morir callada.
Valoro y admiro profundamente a las personas que trabajan toda su vida de esta manera, pues ellos no son los empleados, ellos si que son los dueños del mundo.
"Muchas personas están demasiado educadas para hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza hueca".
Orson Welles
Bienvenidos, buenas noches.
En realidad no es una peluquería por que no cortamos el pelo, no hacemos peinados ni esas cosas. Pegamos extensiones de cabello.
La demanda de esto es muy grande, todas las lolas semiricas-ricas-lolas/viejas del barrio alto andan con la última moda: extensiones en su cabello. Algunas con cinco, otras con cien.
Yo trabajo part-time, no tengo gastos, no tengo que pagar agua, ni luz, ni gas, ni comprar comida, en realidad no sé bien por que trabajo, tal vez para matar el tiempo, la soledad que recae, la mirada al otro mundo, donde todos son tan felizmente tristes. En donde todo es superfuo y absurdo, desproporcionado a las realidades que podemos estar viviendo, que podemos estar pensando o simplemente viendo al prender la televisión, al leer un diario en el papel o en la pantalla del computador. Ahora todos tienen axceso a todo, al infierno y al cielo, se puede comprar, claro, la puerta al infinito, como guste su fineza o su paladar, con visa, mastercard, magna, todas las tarjetas bancarias, y mira tú, ahora hasta con presto y ripley. Ármate una vida con todas estas facilidades. Por que son fácilidades, podemos ejercer sin exigir, sin sacrificarnos de una forma más humana que no sea nuestra propia economía. Todo se desproporcionó, ya no se vive por un bien común, se vive para producir, prestar y ganar y no dudo - en un futuro no muy lejano - que todo esto se transforme en una historia a lo "Un mundo feliz" de Huxley.
Me desvío muy rápidamente, lo siento, es mi primera publicación aquí, el tema era la vieja de puta madre, la vieja culiá de la peluquería.
Estando a cargo de la administración también es mi deber estar a cargo de la postura de extensiones y la atención al cliente. Cerramos a las nueve, ya limpiando, haciendo cierre del termino, llega como veinte para las nueve esta señora; rubia, alta, plasti-pechugona, un gran culo, una cintura mínima, regia la hueona, pero vieja la culiá.
Llegó con prepotencia - no voy a decir que fué arrogante "como tooodas" las cuicas, por que despúes de todo, no todas son así - , se sentó y me explicó su malestar de muy mala manera. Se le habían caído unos pelos, un par de mechas que estaban mal pegadas, la garantía de diez días permite pegar las mechas pero solo, cuando es el mismo pelo. Esta tipa quería que yo le pusiera pelo nuevo a su mecha, yo le expliqué que no podía hacer eso. El tono de su voz no era muy agradable por lo cual yo no le contesté con una graaaan sonrisa ni con un tono angelical. Esta señora no andaba sola, venía acompañada de una niña, una lola, de más menos unos 17 o 18 años -calculo yo-.
Yo le explico sobre pelos y cosas que ya sé, por algo trabajo allí, por algo hago eso a veces - cuando no voy al colegio -, ella repondió: "¡Si lo sé, si no soy hueona!", yo con mi compañera preferimos ahorranos comentarios sobre aquello. Solo seguimos el diálogo estándar que se puede llevar a cabo entre un vendedor y un cliente - el cliente siempre tiene la razón y todas esas cosas - aunque no siempre la tengan, que sucede la mayoría de veces.
Casi al final de toda la estresante charla con la tipa esta, salta su acompañante y me pregunta si yo siempre trato así a mis clientas, yo le dije con una amable sonrisa: "Y como se supone que yo estoy tratando a mi clienta?", ella me respondío:"Así, tan MALDEDUCADA".
Yo al final no entiendo mucho a la gente, nunca la he sabido comprender del todo, por eso me cuesta mucho lidiar con todo esto del Transantiago, del verano y la gente en masa. Siento como si todo lo que pensaran recayera en mi. No son una resentida social, solo soy una chica de dieciseis años buscando la paz en mi alma y en mi vida en general, aunque cueste, aunque se cometan muchos errores en el camino. Quedan huellas, aprendo a enfrentarlas o borralas.
Soy una tipa de clase media, que va al colegio y trabaja para sustentar los vicios, que lee y trata de captar los clímax exactos de cada día, para así volver la vida un poco más tolerable y/o agradable. Para poder disfrutar, sonreír y poder decir: Carpe Diem.
En última instancia esta señora se levantó y al salir dijo: "hasta luego, gracias" - en un tono más menos irónico -, ni yo ni mi compañera le repondimos - esto estuvo mal, deberíamos haberlo echo- y ella dijo que eramos unas maleducadas - lo reiteró pero en plural- yo no le repondí, mi compañera si.
Es verdad que una a veces quiere ser dueña del mundo, o tal vés solo de un local de peluquería o ropa o lo que sea, para poder mover las piezas a tu favor y de acuerdo a tu propio criterio, es por eso que no se puede reaccionar siempre como una quiere, siempre siguiendo estereotipos, viviendo en sociedad, por muy detestable que parezca es la realidad de muchas personas y muchos trabajadores de este país.
Es por eso que ayer por la noche decidí que nunca voy a forjarme en eso, por que no quiero morir callada.
Valoro y admiro profundamente a las personas que trabajan toda su vida de esta manera, pues ellos no son los empleados, ellos si que son los dueños del mundo.
"Muchas personas están demasiado educadas para hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza hueca".
Orson Welles
Bienvenidos, buenas noches.
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